jueves, 3 de mayo de 2018

Problemas de Ansiedad en Niños



Tendemos a pensar que la ansiedad es un problema que solo sufren las personas adultas o que si se llega a dar en la infancia se trata de un problema puntual que tiende a subsanarse por sí solo. Sin embargo, la poca importancia que le damos a los síntomas en la infancia o la falta de conocimientos que se tiene por lo general sobre el problema, puede provocar que no se actúe sobre él y por lo tanto que se vaya agravando por la inactividad a la hora de abordarlo. 


Pero primero tenemos que conocer bien qué es la ansiedad como patología y no solo como un sinónimo de nerviosismo o inquietud. Por un lado, la ansiedad por sí sola no es patológica, sino una emoción adaptativa que ha evolucionado para ayudarnos a sobrevivir en momentos de peligro o adaptarnos a nuevas situaciones a las que no estamos acostumbrados o que resultan sorpresivas. Por ejemplo, cuando un coche se salta un STOP y tienes que frenar de golpe, la ansiedad resultante de ese momento es normal y adaptativa, es decir, nos ayuda a reaccionar rápidamente ante una situación peligrosa. 

El problema viene cuando esta emoción deja de tener su función adaptativa y pasa a suponer un impedimento para el desempeño de una vida normal y sana.

Cuando esta situación se cronifica, es decir, pasa a convertirse en un problema que persiste en el tiempo más allá de lo necesario, empezamos a hablar de un trastorno de ansiedad, que por definición sería un problema de salud que tiene como elemento central una ansiedad intensa, desproporcionada y que se prolonga en el tiempo afectando a diferentes áreas de la vida cotidiana de quien lo padece, dificultando o impidiendo que se estudie, trabaje, se conviva con familiares o amigos, etc.

Este trastorno, como hemos dicho, no es ajeno a la infancia, y si lo tratamos a tiempo y le ponemos solución podemos disminuir de forma considerable su presencia en la edad adulta. Además, no debemos considerarlo como una invención del niño o del adolescente, o como un problema que hay que abordar sólo cuando todo lo demás está descartado. Los problemas de ansiedad no son nervios, no es inquietud ni sobre excitación, es un trastorno real al que hay que prestarle la atención debida y ponerle remedio cuanto antes.


Pero, ¿sólo existe una forma en la que se manifiesta la ansiedad?

La respuesta es no. Existen diferentes tipos de trastornos de ansiedad que se dan en la infancia. Podemos hablar de trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad por separación, trastorno obsesivo compulsivo, fobias específicas, fobia social, etc. En este artículo no vamos a pasar a detallar todos y cada uno de los trastornos posibles, sino que procuraremos dar unas claves generales con las que poder reconocer los síntomas principales que acarrean estas situaciones y con ello poder actuar cuanto antes sobre ellos.

¿Cuándo debemos prestar especial atención?

Cuando vemos que el niño muestra una ansiedad y preocupación excesiva, ya sea sobre una amplia gama de situaciones o sobre alguna en específico; además le resulta difícil controlar ese estado de preocupación y este implica un deterioro significativo en sus relaciones sociales, en su desempeño estudiantil y, en general, en su vida diaria. Además, este estado puede ir acompañado de excesiva tensión física, lo que puede manifestarse en dolores de cabezas, problemas de sueño, cansancio excesivo, problemas digestivos, etc. A todo esto, debemos tener en cuenta que estos síntomas no se deban a alguna otra enfermedad o tratamiento que los pueda explicar mejor.


¿Cómo ayudar al menor y como no hacerlo?


Si detectamos estos síntomas en el niños es posible que de manera instintiva intentemos protegerlos evitándoles el estímulo que le provoca ansiedad o tensión y sacandoles de las situaciones incomodas que puedan encontrarse. Sin embargo, esto puede desencadenar el efecto contrario a lo que pretendemos, prolongando la ansiedad que sienten e intensificandola con el tiempo. Esto es debido a que si se enfrentan a un estímulo que les produzca ansiedad y facilitamos un comportamiento de huida en lugar de favorecer que se enfrenten a él, lo que conseguiremos es que ese estímulo parezca cada vez más amenazador puesto que para superarlo en el pasado hemos tenido que evitarlo. Por el contrario, si estimulamos al niño a que se enfrente a los problemas y a las situaciones estresantes, premiándole y animandole cada vez que les haga cara y apoyandole en este proceso de afrontamiento, conseguiremos que el menor pierda progresivamente el miedo, la ansiedad, etc. que pueda sentir por los estímulos adversos.


Y es que la ansiedad puede tener un componente genético y cultural, pero una parte muy importante, y que además podemos intentar controlar, es el componente aprendido. Las figuras de apego de los niños, normalmente los padres, son referencias tremendamente potentes en el aprendizaje de las conductas, pero también de los miedos y de la forma de comportarse ante estos. Por lo tanto, si los padres se muestran seguros ante las situaciones angustiosas y controlan su comportamiento y sus emociones frente a los problemas ansiógenos de sus hijos, los niños aprenderán estas conductas de manera natural de sus padres.


Además del comportamiento de los padres ante las situaciones desagradables, también es muy importante la educación que estos dan a sus hijos. Unas normas demasiado rígidas, en las que algo es blanco o negro y no hay un punto intermedio, pueden deparar adultos con exigencias desproporcionadas y que difícilmente pueden llegar a alcanzarse provocando unos niveles de estrés desmesurados. A su vez, estos adultos trasladarán estas exigencias desproporcionadas a sus hijos y les exigirán metas demasiado altas o demasiado encorsetadas que pueden desencadenar en problemas de ansiedad tanto a corto como a largo plazo. 
 

Entonces, ¿cuándo debemos acudir a un especialista?

Es normal que los niños pasen en alguna ocasión por momentos de angustia o estrés, pero cuando estos momento se hacen tan intensos que interfieren en el desempeño normal del menor, tanto en la escuela como con sus amigos o compañeros, es hora de contar con la ayuda de un profesional. Se ha visto en numerosos estudios que los tratamientos cognitivo-conductuales en niños son muy eficaces en el tratamiento de la ansiedad. Además, una intervención a tiempo puede evitar que el problema se cronifique y vaya a peor en el futuro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario